IMPOSIBLES DE IGNORAR. (10/03/2017)
El miércoles conmemoramos a todas esas mujeres indispensables que cimentaron el camino, celebramos los avances que hemos logrado y marchamos para exigir todo lo que aún falta.
El año 2013 se realizó un lindo y necesario homenaje a todas las mujeres que nos precedieron en la lucha, el cual se materializó en un libro llamado Nuestra Huella Pujante, que relata parte de las vidas de mujeres socialistas como Anita Lagos, Michelle Peña, Beatriz Allende, Catalina Palma, Juana Cofré, entre otras, que representan a tantas anónimas, de base, que tuvieron que dar testimonio de sus convicciones con sus cuerpos y sus propias vidas.
En los años 30, nació la Acción de Mujeres Socialistas, que la integraban: María Montalva, Blanca Flores, la escritora feminista Felisa Vergara, la ingeniera Violeta de la Cruz, Leontina Barranco, entre sus principales propulsoras, la que luego se transformaría en la Federación de Mujeres Socialistas. En el documento de su 4ta Conferencia Regional, con la aún tímida e incipiente convicción de más mujeres en política, cambian la política, expresaron: “La acción de Mujeres Socialistas está llamada a completar los cuadros femeninos a través de todo el país, a fin de cooperar en las luchas Sociales y conquistar la liberación a que la mujer tiene derecho. En sus reuniones, debe desaparecer todo espíritu personalista y dedicarse a los problemas a resolver a favor de la mujer, los niños y de los necesitados. El fin de agrupar a la mujer en el Partido Socialista, es para obtener y defender los derechos de nuestro sexo, y conseguir una lucha sin cuartel contra cualquier dictadura que fatalmente nos lleve a la ruina”
Después de 11 años desde la fundación del Partido Socialista un 19 de abril de 1933, y 5 años antes de que pudiéramos por primera vez sufragar en una elección, fue electa como dirigenta, una joven de tan solo 24 años: Carmen Lazo Carrera. Luego vendrían, la lavandera Auristela Ferández, y la empleada de ferrocarriles Irma Morena, electas en el Comité Central en 1952. La diputada Laura Allende y la senadora María Elena Carrera, junto a Fidelia Herrera y Chela del Canto, lo serían en el comité central de 1971. Más tarde, en plena dictadura, en 1981, la dirigente del profesorado Aída Quiñones, entre otras.
El gobierno de la Unidad Popular encabezado por el presidente Salvador Allende, representa una explosión de júbilo de todo un pueblo, especialmente de las mujeres socialistas, y entre ellas de las más humildes, que asumen de esta forma su compromiso por una nueva sociedad.
En 1938, durante el gobierno del Frente Popular, la primera mujer en dirigir un municipio en Chile fue la socialista Graciela Contreras de Schnacke. Otra de las nuestras también, Julieta Kirkwood, es considerada una de las impulsoras de la refundación del movimiento feminista en los años 80, por eso, no resulta azaroso que el Partido Socialista, sea desde el año 2013, la primera organización política en establecer paridad para todas sus estructuras no colegiadas(1).
La querida Carmen Lazo, fue la primera regidora en la Municipalidad de Santiago, y después fue diputada desde año 1965 hasta el golpe de estado; y la recuerdo en estas líneas con especial admiración, debido a que logró hacernos comprender a muchas mujeres, lo fundamentales que somos en construir una patria más justa, que todas valemos, que no importa la edad, origen, nacionalidad, etnia, orientación sexual, que ninguna acción es poco importante, que todo se puede realizar si hay unidad en propósitos comunes, que los derechos de los trabajadores y trabajadoras son el ancla de la lucha contra cualquier sistema que pretenda deshumanizarnos.
Cuando estamos viviendo un periodo de nuestra historia complejo, debido al avasallamiento del neoliberalismo, con desconfianza, individualismo y este sentido de la urgencia permanente post moderno, que no nos permite valorar los avances con la solidaridad y relevancia de antaño; se hace necesario que la voz socialista no se acalle, al contrario, se acentúe en su convicción de que el Estado debe tener un rol primario, efectivo y fundamental en la vida de todos los habitantes de nuestra patria, en seguir abogando por la solidaridad, la igualdad, la fraternidad, pero siempre con probidad y transparencia en el ejercicio político, en lo público y privado.
De negra Lazo aprendí que el ser socialista no es meramente declarativo, que las injusticias se deben comunicar siempre, que el silencio nos hace cómplices y que las luchas no son pequeñas, sino imposibles de ignorar.
(1) Carola Rivero, Vice Presidenta Nacional de la Mujer PSCHILE año 2013, páginas 3-6 “nuestra huella pujante”
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