El
domingo 23 de octubre nuestra región de Valparaíso fue protagonista de otra
elección Municipal. Veía por la televisión como algunos sacaban cuentas
positivas. Para poner las cosas en su justa dimensión, hay que evaluar que del
total de electores solo participó el 36,13% (549.725 de 1.521.722)
La
alta abstención debería ocuparnos, sobre todo porque somos una región
importante para el devenir del país. Escuché con detención las críticas al
gobierno, sobre todo de parte de la derecha, que por ganar alcaldías en la
Región Metropolitana, nos transmitían una falsa sensación de victoria por el
centralismo ya conocido por nosotr@s.
Perdieron
la administración de Valparaíso, la segunda comuna más grande del país, dejándolos
lesionados profundamente en la zona sur, a pesar de que ganaron 14 comunas y la
Nueva Mayoría 12, de un total de 38; que les otorga una leve ventaja, sin
contar que algunos alcaldes independientes son más cercanos a la
centroizquierda. No tienen nada que celebrar y nosotros tampoco.
En
concejales se repite la tónica, la Nueva Mayoría elige a 129 (46,70%) y el
Chile Vamos elige a 101 (37,92%).
No
obstante las cifras, hay responsabilidades que deben asumirse al bajar el
porcentaje de alcaldías y concejalías por parte de Nueva Mayoría en la región.
La
forma en que se determinan las candidaturas es el punto inicial de divisiones,
conflictos y desavenencias, en todos los conglomerados y los denominados independientes (que también se organizan
para obtener poder).
No
podemos olvidar que existen directivas y/o dirigentes políticos que son
responsables de determinar a los mejores candidatos y candidatas, los que
tienen fuerza electoral y son más representativos con los principios a los
cuales se suscribe. En el Partido Socialista, por ejemplo, se establecieron las
candidaturas en un Consejo Regional, que posteriormente fueron ratificadas o
modificadas en Santiago, en consideración a la mantención de fuerzas internas como
prioridad.
El
silencio también es complicidad, no decir nada es síntoma de la cobardía política
que advierte la poca participación. No apostar a liderazgos con una visión
colectiva, no respetar las primarias y los acuerdos suscritos, nos pasa la
cuenta.
La
comuna de Valparaíso es el ejemplo de que cuando nos dividimos, perdemos. Más
allá del legitimo triunfo del Pacto La Matriz (una fuerza generada por y desde algunos
ciudadanos de la ciudad); lo que ocurrió con parte de la Nueva Mayoría fue
vergonzoso, sobre todo, con la actuación poco decorosa de quienes profitaron
por años cargos de gobierno, pero a dos semanas de la elección, hicieron un
show mediático en su propio beneficio para quedar, otra vez, en una situación
laboral beneficiosa en el Municipio. Enarbolada con la salida pública de
dirigentes políticos, que solicitan el apoyo y el cumplimiento de compromisos
del conglomerado, cuando sus candidaturas están en juego, pero no procuran lo
mismo en otras localidades, si sus intereses personales están en peligro.
En
la comuna de Quintero, pasó otro fenómeno. Obtener solo el 21, 36% de los
votos, es muestra de que debemos potenciar a quienes reúnen a la Nueva Mayoría.
Si ese porcentaje lo obtenía alguien que iba por primera vez, un candidato o
candidata que hubiésemos decidido fortalecer entre todos, la percepción sería
otra, la de derrota con visión de futuro. Lección aprendida.
Otra
cosa fue lo que ocurrió en la comuna de La Cruz, que a pesar de la derrota de la
candidata de la Nueva Mayoría, que obtuvo el 43,32% de la votación, se trabajó junt@s,
apostando por alguien proyectable, que nos reúne por sus características
personales y políticas.
Cuando
se cumple la palabra, se es leal con el proyecto trazado y se trabaja en equipo
sucede lo que pasó en Llay Llay, donde nuestro candidato a alcalde salió electo
con el 86,73% de la votación, arrasando y dándonos una lección de cómo la Nueva
Mayoría debe trabajar en toda la región.
Lo
mismo concurre para los concejales, es destacable lo que aconteció en
Casablanca, donde el Partido Socialista eligió a dos concejales, debido a su trabajo
constante, representativo y fraterno entre ellos. Lo mismo en Papudo, Valparaíso,
Llay-Llay, Rinconada y Los Andes, la Democracia Cristiana; en Santa María,
Llay-Llay, Cartagena y Putaendo, el Partido por la Democracia; en San Antonio el
Partido Comunista; y en Catemu y La Cruz, el Partido Socialista, también
lograron elegir dos. En Quillota, la Democracia Cristiana y en La Ligua el
Partido Comunista, lograron elegir tres. Por su parte, el partido radical
eligió quince concejales en la región.
Entonces
el mensaje es directo, las personas nos solicitan honestidad en nuestros
postulados, respeto a los acuerdos, convicciones colectivas, labor de equipo, asumir
responsabilidades, dirigentes partidarios en serio, principios claros, convicciones
y condenar con fuerza a quienes desacreditan la política con negocios
personales, no justificar lo injustificable, no más impunidad.
Cuando
nos entrevistaron en periodo de campaña, me consultaron porqué colocaba el logo
de mi partido en la propaganda, y respondí sin titubeos, “un político que
pretende representar a otros, no puede esconder su ideología, menos en tiempos
de tanta desconfianza. Además, por actuaciones personales no se enloda a imagen
de un partido con 83 años de vida y que le ha dado a Chile una línea de lucha
digna de contar y muchos muertos que no se deben olvidar, ni menos ocultar”.
Creo
profundamente en lo que representa la Nueva Mayoría para nuestra patria. La
unidad de propósitos con respeto a las ideas y principios que suscribe cada
partido, colocando una visión política de centro izquierda al servicio del país,
es una tremenda fortaleza y no se debe descuidar.
Llamo
a todas y todos, los que se identifican con esta línea, a trabajar con lealtad
y perspectiva, para que la alta abstención se disminuya, la derecha no se
vuelva a instalar en el gobierno y tengamos una democracia fortalecida, como se
lo merece Chile y en especial, nuestra región.
Marcela Espinoza Silva
Comité Central Región de Valparaíso
Partido Socialista de Chile
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