A raíz de la salida del comité político de la moneda, post elecciones del partido socialista, se ha generado una manifestación de pasiones que hace tiempo no observaba. Pero no me quiero referir al cambio en si, debido a que la decisión de la Presidenta tiene un sustento serio y político, que muchos de nosotros desconocemos, pero que apoyamos por razones de Estado; pero si, quiero manifestar mi profundo rechazo al lamentable espectáculo que hemos dado.
Esta crisis de representación política que tenemos, en gran parte es por la mala interpretación que se ha realizado del poder en general (presumiendo la buena fe), y por no comprender que el aparato público, es una plataforma para administrar el poder que el pueblo nos ha delegado, para “hacer la pega” que se espera que efectuemos, no para agendas personales.
La ciudadanía -al menos para el que entiende algo de lo que lee- comprende estos entredichos y sus recados por las redes sociales, como una mera y picante disputa por el poder en el aparataje público. ¿Alguien cree, en verdad, que la tesis de la vieja y nueva guardia es sostenible frente a la ineficiencia? Inventar complots es digno de quienes no tienen habilidades para sustentar su cargo, no de quienes se hacen responsables de sus errores, hacen parte las críticas (en su justa dimensión), los corrigen y siguen adelante.
Señoras y señores, les recuerdo que este es un trabajo en equipo y en colectivo. Acá nadie se manda solo o sola.
La gran diferencia con el fascismo, es que el orden estatal que se espera desde la izquierda tiene que ver con las ideas, con el convencimiento, con lo razonable, con el otorgarles a las personas las herramientas para determinar la sociedad en que quieren vivir, con política permanente, pero la de verdad.
No necesitamos un actor ciudadano que perciba la tremenda brecha sociocultural que hoy tenemos y que no haga nada, que gane la desidia, la falta de interés (que nosotros -a ratos- hemos fomentado), necesitamos a un pueblo politizado, pero para eso necesitamos dejar de dar espectáculos y “limitar la cancha”. Que no sea Yerkopuchento el que tenga correlato político con las personas -ya que nadie entiende nada- y no seamos nosotros.
El Mercurio de Valparaíso, en la región, es un claro ejemplo de la descomposición que vivimos, ¿a nadie le hace ruido que ahora los trascendidos, el cahuín sean más relevantes que un trabajo periodístico investigativo?; donde además, nuestros propios compañeros se disparan en los pies para ganar hoy un espacio en el diario de agustín, pero mañana el mismo medio cuestiona su gestión como autoridades regionales.
“No voy a pagar un inserto más, no vamos a pagar más avisaje, mientras no se garantice que el ejercicio periodístico político vuelva a ser digno”
Si les dejáramos de contestar el teléfono a esos periodistas, de refutar supuestos ataques de un camarada o compañero, se acabaría esta forma de relacionarnos con el cuarto poder. Si los políticos nos dedicáramos a la política y no a tratar de administrar lo que NO es de nuestra competencia, podríamos dar señales de claridad, que hace rato se nos ruega tener. Yo, en lo personal, premiaría a los periodistas que son serios -no amigos- y les entregaría exclusivas periódicas para cortar esta forma macabra que tenemos de interactuar para “existir en la red”. Este es el orden estatal que se espera de nuestro conglomerado, no menos.
Mientras inventamos diferencias entre nosotros y las ventilamos en el mostrador, en el mercurio, en la tercera, en la televisión, etc., para ganar la pataleta de turno y posesionar a mis amigos en un espacio de poder o no dejar que otros asuman espacios de poder, las personas aún esperan que la micro pase en un tiempo razonable, que el pan no suba, que los sueldos sean dignos, que aspiremos a más, que conduzcamos de forma responsable.
Su majestad el cahuín no puede ganar.
Fraternalmente,
Marcela Espinoza Silva
Comité Central V Región
Partido Socialista de Chile
Valparaíso, 14 de mayo de 2015

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