Clodomiro Almeyda, siempre nos indicó por sus escritos, a las futuras generaciones de socialistas, un marco político, de reflexión profunda de cómo y cuando decir, y accionar. Siempre cauto, siempre firme, siempre con un coraje pocas veces visto, que logró con su ejemplo que nadie pudiese cuestionar su liderazgo a pesar de estar detenido por la dictadura, y que nos insistimos en no perder jamás de vista.
¿Quien no recuerda las campañas electorales, donde entramos a los hogares de nuestros compatriotas?, algunos nos ofrecían bebidas, agua, hasta almuerzo y siempre nos decían los del lado, “yo estuve con Allende, mi mamá era Allendista; que bueno que ustedes, que son más jóvenes, sean socialistas y les interese la política”, nosotros respondíamos, si, somos parte del legado de dignidad política del compañero, somos de la escuela del compromiso a toda prueba; sacábamos pecho muy orgullosos y seguíamos en camino.
Cuantas veces nos ha pasado que compañeras y compañeros, humildes, en condiciones económicas complejas, no te aceptan ni un peso, debido a que se mueven por esa convicción maravillosa que nos legaran mujeres y hombres, entre ellos don Cloro (quien un día como hoy cumpliría 92 años)
Junto con un grupo de compañeros y compañeras de la dirección regional de Valparaíso, el día 2 de febrero de 2015, tomamos la decisión de “decir algo”; resolvimos, más allá del fondo y las consecuencias electorales evidentes, hacer un paralé a lo que es injustificable. Lo mismo creo, que debemos hacer ahora.
Lo que ha pasado con Sebastián Dávalos y Natalia Compagnon, es impresentable. No podemos compararlo con el caso Penta (delito) o con el uso de información privilegiada del gobierno anterior; claramente es incomparable, pero ¿a nadie le hace ruido esta situación?, ¿a nadie le dolió el estómago enterarse de la noticia en desarrollo? Cuando algo así pasa en nuestra trinchera, indigna el doble.
En la moneda decidieron que Sebastián diera las explicaciones de forma personal, y concuerdo con el ministro Peñailillo, debido a que el gobierno se debe desmarcar de todo acto que enlode su gestión ante la ciudadanía, y sobre todo, por que son actuaciones privadas. Sin criterio, cuestionables, pero privadas.
Nosotros, los militantes, podemos entender que la política, a veces, es una cuestión de poder y no de tener razón, pero ¿qué sensación le queda a esos compatriotas que nos dieron el vaso de bebida?, ¿que pasa con los amigos, vecinas, los familiares, las compañeras de trabajo, etc.? Ahora, los que levantaban la arenga que los representaba, ¿también usan sus influencias para enriquecerse?, ese es el problema de fondo: que nos pongan al mismo nivel que los del frente.
Los soldados rojos, esos, que llevamos el discurso de la igualdad en la piel, que todos saben cual es nuestro domicilio político, jamás nos atreveríamos a decir algo como, “no es tanta plata tampoco”, somos los que sufrimos las consecuencias de la falta de criterio del actual director sociocultural de La Moneda e hijo de la compañera Michelle, quien utilizó su vinculo familiar, para beneficio personal.
“¿Cuando le puedo pedir una hora a Andrónico, para que me preste unos palitos, ahora que el recibe a todo el mundo?”, es solo una muestra del bulling cibernético y personal de estos días.
Siempre, los soldados leales, esos que hacen las monedas para recorrer la comuna, la región, que ponen el cartel en sus casas, que involucran a su familia en el proyecto país, que ponen la cara a diario, en las organizaciones sociales, en los municipios, clubes deportivos, en el gobierno, servicios públicos, etc., son los que terminan vilipendiados por actitudes así, y creo que no es posible de aceptar en silencio, al menos, entre nosotros.
De seguro esto, comunicacionalmente, pasará en unos días, sortearemos este episodio como parte de la dinámica ya acostumbrada -y nos comeremos la celebración por las reformas importantes que logramos aprobar y por cumplir la palabra empeñada en la campaña- pero no obstante aquello, y como dijera un grande “hay cosas que por obvias no se dicen, y por no decirlas se olvidan”
Fraternalmente,
Marcela Espinoza Silva
Comité Central V Región
Partido Socialista de Chile

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